EL TÍO DEL DEDO

Aquel día, era un día habitual, llegue como de costumbre a mi oficina, deshice el maletín repleto de informes, sobre rentabilidades de productos de ahorro-inversión de distintas entidades, había estado creando la planificación financiera de uno de mis clientes en el despacho de casa, me senté en la mesa redonda de cristal donde siempre...